Libros proféticos
Isaías
- 1
¡Ay de ti, destructor que aún no has sido destruido, traidor no traicionado! Cuando hayas terminado de destruir serás destruido, cuando hayas completado tu traición, te traicionarán.
- 2
Piedad, Señor, en ti esperamos; sé nuestra fuerza cada mañana y nuestra salvación en tiempo de angustia.
- 3
Al oír el estruendo huyen los pueblos cuando tú te levantas, se dispersan las naciones.
- 4
Se recoge el botín como arrasa la oruga; se abalanzan sobre él igual que las langostas.
- 5
El Señor es excelso, porque habita en la altura; colma a Sión con derecho y con justicia.
- 6
Tus días serán seguros. La sabiduría y el saber son su riqueza salvadora, el temor del Señor es su tesoro.
- 7
Mirad: los valientes gritan en la calle, los mensajeros de paz lloran amargamente;
- 8
están destruidos los caminos y ya nadie transita los senderos. Ha roto la alianza, despreciado a los testigos, no respeta a la gente.
- 9
El país está de duelo y languidece, se avergüenza el Líbano y queda mustio, el Sarón se ha vuelto una estepa, han perdido el follaje el Basán y el Carmelo.
- 10
«Ahora me levanto —dice el Señor—, ahora me pongo en pie, ahora me alzo.
- 11
Concebiréis paja, daréis a luz rastrojos, os consumirá mi aliento como fuego;
- 12
los pueblos quedarán calcinados, arderán como cardos segados.
- 13
Los lejanos, escuchad lo que he hecho; los cercanos, reconoced mi fuerza,
- 14
Temen en Sión los pecadores, y un temblor agarra a los perversos; “¿Quién de nosotros habitará un fuego devorador, quién de nosotros habitará una hoguera perpetua?”.
- 15
El que procede con justicia y habla con rectitud, y rehúsa el lucro de la opresión, el que sacude la mano rechazando el soborno y tapa su oído a propuestas sanguinarias, el que cierra los ojos para no ver la maldad:
- 16
ese habitará en lo alto, tendrá su alcázar en un picacho rocoso, con abasto de pan y provisión de agua».
- 17
Contemplarán tus ojos a un rey en su esplendor y verán un país dilatado,
- 18
y pensarás sobrecogido: «¿Dónde está el que pedía cuentas, dónde el que pesaba los tributos, dónde el que contaba las torres?».
- 19
Ya no verás más al pueblo arrogante, ese pueblo de lenguaje oscuro e incomprensible, de lengua bárbara que no entiendes.
- 20
Contempla a Sión, ciudad de nuestras fiestas: tus ojos verán a Jerusalén, morada segura, tienda estable, cuyas estacas no se arrancan, cuyas cuerdas no se rompen.
- 21
Allí el Señor se muestra majestuoso: en un lugar de ríos y espaciosos canales; no los surcarán barcas de remo ni los cruzarán naves majestuosas,
- 22
porque el Señor nos gobierna, el Señor nos da leyes, el Señor es nuestro rey, él es nuestra salvación.
- 23
«Se aflojan tus cuerdas, no sujetan el mástil ni tensan las velas». Entonces se repartirán los despojos de un botín abundante, y hasta los cojos se darán al saqueo.
- 24
Y ningún habitante dirá: «Estoy enfermo». Al pueblo que allí habita le ha sido perdonada su culpa.