Libros sapienciales y poéticos
Sabiduría
- 1
Para tus fieles, en cambio, brillaba una espléndida luz. Los egipcios, que oían su voz pero sin distinguir su figura, los felicitaban por no haber padecido como ellos.
- 2
Les daban las gracias porque no se vengaban de los agravios recibidos y les pedían perdón por su conducta hostil.
- 3
En lugar de esto les diste una columna de fuego, como guía para un viaje desconocido, y como sol inofensivo para su gloriosa marcha.
- 4
Bien merecían verse privados de luz y prisioneros de las tinieblas aquellos que habían encerrado en la prisión a tus hijos, que iban a transmitir al mundo la luz incorruptible de la ley.
- 5
Por haber decretado matar a los niños de tus fieles —uno solo de los niños, abandonado, se salvó—, en castigo, les arrebataste una multitud de hijos, y los hiciste perecer a todos juntos en las aguas impetuosas.
- 6
Aquella noche les fue preanunciada a nuestros antepasados, para que, sabiendo con certeza en qué promesas creían, tuvieran buen ánimo.
- 7
Tu pueblo esperaba la salvación de los justos y la perdición de los enemigos,
- 8
pues con lo que castigaste a los adversarios, nos glorificaste a nosotros, llamándonos a ti.
- 9
Los piadosos hijos de los justos ofrecían sacrificios en secreto y establecieron unánimes esta ley divina: que los fieles compartirían los mismos bienes y peligros, después de haber cantado las alabanzas de los antepasados.
- 10
Hacían eco los gritos destemplados de los enemigos, y se extendía el lamento de quienes lloraban a sus hijos.
- 11
Idéntico castigo sufrían el esclavo y el amo, y el plebeyo padecía lo mismo que el rey.
- 12
Todos por igual tenían innumerables cadáveres, víctimas de un mismo género de muerte; los vivos no daban abasto para enterrarlos, porque en un instante había perecido lo mejor de su raza.
- 13
Aunque la magia los había hecho desconfiar de todo, ante la muerte de los primogénitos reconocieron que este pueblo era hijo de Dios.
- 14
Cuando un silencio apacible lo envolvía todo y la noche llegaba a la mitad de su carrera,
- 15
tu palabra omnipotente se lanzó desde el cielo, desde el trono real, cual guerrero implacable, sobre una tierra condenada al exterminio; empuñaba la espada afilada de tu decreto irrevocable,
- 16
se detuvo y todo lo llenó de muerte, mientras tocaba el cielo, pisoteaba la tierra.
- 17
De repente los sobresaltaron horribles pesadillas, los asaltaron terrores inesperados.
- 18
Tendidos y medio muertos, cada uno por su lado, manifestaban la causa de su muerte;
- 19
pues sus sueños turbulentos los habían prevenido, para que no pereciesen sin conocer el motivo de su desgracia.
- 20
También a los justos alcanzó la prueba de la muerte y una multitud de ellos pereció en el desierto. Pero aquella ira no duró mucho,
- 21
porque pronto un hombre intachable salió en su defensa, manejando las armas de su ministerio: la oración y el incienso expiatorio. Hizo frente a la ira y puso fin a la catástrofe, demostrando ser tu servidor.
- 22
Venció la indignación no a fuerza de músculos, ni esgrimiendo la espada, sino que con la palabra sometió a quien los castigaba, recordando los juramentos y alianzas que hizo con los antepasados.
- 23
Cuando ya los muertos yacían amontonados, se puso en medio, detuvo el avance de la ira y le cerró el paso hacia los que todavía vivían.
- 24
Pues en su vestido talar estaba el universo entero, los nombres gloriosos de los patriarcas en cuatro hileras de piedras preciosas, y tu majestad en la diadema de su cabeza.
- 25
Ante esto, el exterminador retrocedió atemorizado, pues era suficiente una sola demostración de tu ira.