Libros sapienciales y poéticos
Eclesiastés
- 1
He reflexionado sobre todo esto y he llegado a la siguiente conclusión: aunque los honrados y los sabios con sus obras están en manos de Dios, el hombre no sabe de amor ni de odio.
- 2
Todo lo que tiene el hombre delante es vanidad, porque una misma suerte toca a todos: al inocente y al culpable, al puro y al impuro, al que ofrece sacrificios y al que no los ofrece, al honrado y al pecador, al que jura y al que tiene reparo en jurar.
- 3
Y esta es la peor desgracia de cuanto sucede bajo el sol: que una misma suerte toca a todos. Por ello, el corazón de los hombres está lleno de maldad; mientras viven, piensan locuras, y después ¡a morir!
- 4
Es cierto que mientras se está entre los vivos aún hay esperanza, pues «más vale perro vivo que león muerto».
- 5
Los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada: no reciben recompensa alguna, incluso su nombre se desvanece.
- 6
Ya se acabaron sus amores, odios y pasiones; jamás tomarán parte en lo que se hace bajo el sol.
- 7
Anda, come tu pan con alegría y bebe contento tu vino, porque Dios ya ha aceptado tus obras.
- 8
Lleva siempre vestidos blancos, y no falte el perfume en tu cabeza;
- 9
disfruta de la vida con la mujer que amas, mientras dure esta vana existencia que te ha sido concedida bajo el sol. Esa es tu parte en la vida y en los afanes con que te afanas bajo el sol.
- 10
Todo lo que esté a tu alcance, hazlo mientras puedas, pues no se trabaja ni se planea, no hay conocer ni saber en el Abismo adonde te encaminas.
- 11
Otra cosa he observado bajo el sol: no gana la carrera el más ágil, ni la guerra el más fuerte, ni el pan quien es sabio; no consigue riqueza quien es avisado, ni éxito quien es inteligente, pues siempre se tercian ocasión y suerte.
- 12
Además, el hombre desconoce su hora: como peces capturados en la red funesta, como pájaros apresados en la trampa, los hombres son cazados cuando un mal momento cae sobre ellos de improviso.
- 13
También he observado bajo el sol un ejemplo de sabiduría aleccionador.
- 14
Había una ciudad pequeña con pocos habitantes. Llegó un rey poderoso, le puso cerco y levantó frente a ella grandes artefactos de asedio.
- 15
Había en la ciudad un hombre pobre, pero sabio, que había salvado a la ciudad con su sabiduría. Pero nadie se volvió a acordar de aquel hombre pobre.
- 16
Entonces me digo: sí, más vale sabiduría que fuerza; pero la sabiduría del pobre fue despreciada, y sus palabras, desoídas.
- 17
Sin embargo, mejor se escuchan las palabras sosegadas de los sabios que los gritos de un capitán de necios.
- 18
Más vale sabiduría que instrumentos de guerra; pero uno solo que falle echa a perder muchos bienes.