Pentateuco
Deuteronomio
- 1
Escucha, Israel: tú vas a pasar hoy el Jordán, para desposeer a naciones más grandes y fuertes que tú, ciudades grandes y fortificadas hasta el cielo,
- 2
un pueblo numeroso y corpulento, los anaquitas, que tú conoces y de quienes has oído decir: “¿Quién podrá resistir ante los hijos de Anac?”.
- 3
Has de saber hoy que el Señor, tu Dios, pasará él mismo delante de ti como fuego devorador. Tú los desposeerás y los destruirás pronto, como te dijo el Señor.
- 4
Cuando el Señor, tu Dios, los haya expulsado delante de ti, no pienses: “Por mi justicia me ha traído el Señor a tomar posesión de esta tierra”, y “el Señor ha desposeído delante de mí a esas naciones por su perversidad”.
- 5
No vas a entrar y a tomar posesión de esas tierras por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón, pues el Señor, tu Dios, las va a desposeer delante de ti por la perversidad de esas naciones y para cumplir la palabra que el Señor juró a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob.
- 6
Has de saber, por tanto, que el Señor, tu Dios, no te da en posesión esa tierra buena por tu justicia, pues eres un pueblo de dura cerviz.
- 7
Recuerda y no olvides que provocaste al Señor, tu Dios, en el desierto: desde el día que saliste de la tierra de Egipto hasta que entrasteis en este lugar habéis sido rebeldes al Señor.
- 8
En el Horeb provocasteis al Señor, y el Señor se irritó con vosotros y os quiso destruir.
- 9
Cuando yo subí al monte a recibir las tablas de piedra, las tablas de la alianza que concertó el Señor con vosotros, me quedé en el monte cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua.
- 10
Luego el Señor me entregó las dos tablas de piedra, escritas por el dedo de Dios; en ellas estaban todas las palabras que os dijo el Señor en la montaña, desde el fuego, el día de la asamblea.
- 11
Al cabo de cuarenta días y cuarenta noches, me entregó el Señor las dos tablas de piedra, las tablas de la alianza,
- 12
y me dijo el Señor: “Levántate, baja de aquí enseguida, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han apartado del camino que les mandaste, se han fundido un ídolo”.
- 13
El Señor continuó diciéndome: “He visto que este pueblo es un pueblo de dura cerviz.
- 14
Déjame destruirlo y borrar su nombre bajo el cielo; de ti haré un pueblo más fuerte y numeroso que él”.
- 15
Yo me volví y bajé de la montaña, mientras la montaña ardía; llevaba en las manos las dos tablas de la alianza.
- 16
Miré y, en efecto, habíais pecado contra el Señor, vuestro Dios, os habíais hecho un becerro de fundición. Pronto os apartasteis del camino que el Señor os había mandado.
- 17
Entonces agarré las tablas, las arrojé con las dos manos y las estrellé ante vuestros ojos.
- 18
Luego, me postré ante el Señor cuarenta días y cuarenta noches, como la vez anterior, sin comer pan ni beber agua, pidiendo perdón por el pecado que habíais cometido, haciendo el mal a los ojos del Señor, irritándolo.
- 19
Porque tenía miedo de que la ira y la cólera del Señor contra vosotros os destruyese. También aquella vez me escuchó el Señor.
- 20
Con Aarón se irritó tanto el Señor que quería destruirlo, y entonces tuve que interceder también por Aarón.
- 21
Después cogí el pecado que os habíais fabricado, el becerro, y lo quemé, lo machaqué, lo trituré hasta pulverizarlo como ceniza, y arrojé la ceniza en el torrente que baja de la montaña.
- 22
En Taberá, en Masá y en Quibrot Atabá, provocasteis también al Señor.
- 23
Y cuando el Señor os envió desde Cadés Barnea diciendo: “Subid y tomad posesión de la tierra que os he dado”, os rebelasteis contra la orden del Señor, no le creísteis ni escuchasteis su voz.
- 24
Habéis sido rebeldes al Señor, desde el día que os conocí.
- 25
Me postré ante el Señor, estuve postrado cuarenta días y cuarenta noches, porque el Señor pensaba destruiros.
- 26
Y supliqué al Señor, diciendo: “Señor mío, no destruyas a tu pueblo, la heredad que redimiste con tu grandeza, que sacaste de Egipto con mano fuerte.
- 27
Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac y Jacob, no te fijes en la terquedad de este pueblo, en su crimen y en su pecado,
- 28
no sea que digan en la tierra de donde nos sacaste: ‘No pudo el Señor introducirlos en la tierra que les había prometido’, o: ‘Los sacó por odio, para matarlos en el desierto’.
- 29
Son tu pueblo, la heredad que sacaste con tu gran fuerza y con tu brazo extendido”.