Hechos de los apóstoles
Hechos de los apóstoles
- 1
Unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme al uso de Moisés, no podían salvarse.
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Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más de entre ellos subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre esta controversia.
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Ellos, pues, enviados por la Iglesia provistos de lo necesario, atravesaron Fenicia y Samaría, contando cómo se convertían los gentiles, con lo que causaron gran alegría a todos los hermanos.
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Al llegar a Jerusalén, fueron acogidos por la Iglesia, los apóstoles y los presbíteros; ellos contaron lo que Dios había hecho con ellos.
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Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, se levantaron, diciendo: «Es necesario circuncidarlos y ordenarles que guarden la ley de Moisés».
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Los apóstoles y los presbíteros se reunieron a examinar el asunto.
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Después de una larga discusión, se levantó Pedro y les dijo: «Hermanos, vosotros sabéis que, desde los primeros días, Dios me escogió entre vosotros para que los gentiles oyeran de mi boca la palabra del Evangelio, y creyeran.
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Y Dios, que penetra los corazones, ha dado testimonio a favor de ellos dándoles el Espíritu Santo igual que a nosotros.
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No hizo distinción entre ellos y nosotros, pues ha purificado sus corazones con la fe.
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¿Por qué, pues, ahora intentáis tentar a Dios, queriendo poner sobre el cuello de esos discípulos un yugo que ni nosotros ni nuestros padres hemos podido soportar?
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No; creemos que lo mismo ellos que nosotros nos salvamos por la gracia del Señor Jesús».
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Toda la asamblea hizo silencio para escuchar a Bernabé y Pablo, que les contaron los signos y prodigios que Dios había hecho por medio de ellos entre los gentiles.
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Cuando terminaron de hablar, Santiago tomó la palabra y dijo: «Escuchadme, hermanos:
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Simón ha contado cómo Dios por primera vez se ha dignado escoger para su nombre un pueblo de entre los gentiles.
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Con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:
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Después de esto volveré y levantaré de nuevo la choza caída de David; levantaré sus ruinas y la pondré en pie,
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para que los demás hombres busquen al Señor, y todos los gentiles sobre los que ha sido invocado mi nombre: lo dice el Señor, el que hace
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que esto sea conocido desde antiguo.
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Por eso, a mi parecer, no hay que molestar a los gentiles que se convierten a Dios;
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basta escribirles que se abstengan de la contaminación de los ídolos, de las uniones ilegítimas, de animales estrangulados y de la sangre.
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Porque desde tiempos antiguos Moisés tiene en cada ciudad quienes lo predican, ya que es leído cada sábado en las sinagogas».
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Entonces los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron elegir a algunos de ellos para mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas llamado Barsabás y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos,
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y enviaron por medio de ellos esta carta: «Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia provenientes de la gentilidad.
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Habiéndonos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alborotado con sus palabras, desconcertando vuestros ánimos,
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hemos decidido, por unanimidad, elegir a algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo,
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hombres que han entregado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo.
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Os mandamos, pues, a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue:
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Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables:
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que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de uniones ilegítimas. Haréis bien en apartaros de todo esto. Saludos».
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Los despidieron, y ellos bajaron a Antioquía, donde reunieron a la comunidad y entregaron la carta.
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Al leerla, se alegraron mucho por aquellas palabras alentadoras.
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Judas y Silas, que eran también profetas, hablaron largamente, exhortando y confirmando a los hermanos.
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Pasado algún tiempo, fueron despedidos en paz por los hermanos para volver a los que los habían enviado.
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[«Pero a Silas le pareció mejor permanecer allí».]
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Por su parte, Pablo y Bernabé permanecieron en Antioquía, enseñando y anunciando, junto con otros muchos, la Buena Nueva, la palabra del Señor.
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Unos días más tarde, dijo Pablo a Bernabé: «Vayamos de nuevo y visitemos a los hermanos en todas las ciudades en que hemos predicado la palabra de Dios para ver cómo están».
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Bernabé quería llevar con ellos a Juan, llamado Marcos,
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pero Pablo opinaba que no debían tomar consigo al que se había separado de ellos en Panfilia y no les había acompañado en la obra.
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Se produjo una gran tensión, hasta el punto de que se separaron el uno del otro: Bernabé, tomando a Marcos, se embarcó para Chipre;
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por su parte, Pablo, eligiendo como compañero a Silas, y encomendado por los hermanos a la gracia del Señor, partió
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y fue recorriendo Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias.