Corpus paulino
Efesios
- 1
Sed imitadores de Dios, como hijos queridos,
- 2
y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor.
- 3
De la fornicación, la impureza, indecencia o afán de dinero, ni hablar; es impropio de los santos.
- 4
Tampoco vulgaridades, estupideces o frases de doble sentido; todo eso está fuera de lugar. Lo vuestro es alabar a Dios.
- 5
Tened entendido que nadie que se da a la fornicación, a la impureza, o al afán de dinero, que es una idolatría, tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios.
- 6
Que nadie os engañe con argumentos falaces; estas cosas son las que atraen el castigo de Dios sobre los rebeldes.
- 7
No tengáis parte con ellos.
- 8
Antes sí erais tinieblas, pero ahora, sois luz por el Señor.
- 9
Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz.
- 10
Buscad lo que agrada al Señor,
- 11
sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas.
- 12
Pues da vergüenza decir las cosas que ellos hacen a ocultas.
- 13
Pero, al denunciarlas, la luz las pone al descubierto,
- 14
y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará.
- 15
Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos,
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aprovechando la ocasión, porque vienen días malos.
- 17
Por eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere.
- 18
No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje, sino dejaos llenar del Espíritu.
- 19
Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor.
- 20
Dad siempre gracias a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.
- 21
Sed sumisos unos a otros en el temor de Cristo:
- 22
las mujeres, a sus maridos, como al Señor;
- 23
porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo.
- 24
Como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo.
- 25
Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia:
- 26
Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra,
- 27
y para presentársela gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada.
- 28
Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo.
- 29
Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia,
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porque somos miembros de su cuerpo.
- 31
Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.
- 32
Es este un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.
- 33
En una palabra, que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete al marido.